• Lila Negra

Reto 3


3. Tu protagonista se mira en el espejo y  ve algo que no debería estar allí.

«Qué flojera»


Fué el primer pensamiento que le asaltó por la mañana. La noche anterior  había acompañado a algunos compañeros del trabajo a un club, cosa que jamás había hecho.

Sus padres, con quienes aún vivía, eran muy estrictos en cuanto a sus horas de llegada, sin embargo, ese día en particular coincidía con una salida que el matrimonio había hecho con motivo de su aniversario. ¡Perfecta oportunidad para irse de pinta!


El despertador no dejaba de sonar con su estridente chillido, para apagarlo, debía forzosamente salir  de la cama en la que estaba tan plácidamente envuelta. Después de varias vueltas y gruñidos se levantó para acallar la infernal musiquita que salía de su celular.


«Hoy es sábado, ¿por qué suenas en sábado?»


Mientras miraba la pantalla del celular con ojos adormilados, un anuncio en la pantalla principal hizo que el sueño que aún tenía terminara de esfumarse.

"Aniversario de Papá y Mamá"


—Es cierto, hoy les han organizado una fiesta en casa del abuelo.


Después de bostezar sonoramente, se dispuso a arreglarse.

Su recámara era modesta: un escritorio, que hacía función de tocador con un espejo empotrado en la pared; una cajonera junto a la cama; unas cuantas repisas para sus libros y algunos adornos; en una de la paredes, su closet y en el centro no podía faltar una amplia cama.

Al pasar de lado junto al escritorio, algo llamó su atención. Se acercó al espejo y casi se va de espaldas.

«¡¿Qué le pasó a mi cara?!»

—No, no, no, ¡No! —repetía frente al espejo— Esto no puede estar pasando.

La noche anterior había tomado un poco más de la cuenta, de hecho las últimas horas de la velada eran como bruma en sus recuerdos. Al entrar a casa no se preocupó por su rutina diaria de belleza, solo se dejó caer en la cama y se envolvió en un capullo con las cobijas.

El espejo revelaba una imagen "espantosa" y no por el maquillaje embarrado o la máscara corrida, su preocupación era un tatuaje tribal que se dibujaba desde su sien izquierda hasta su barbilla.

«¡Dios mío que he hecho!»

Hurgó en sus cajones buscando sus fieles toallitas desmaquillantes. Ansiosa tomó una y empezó a limpiar su cara, después otra y una más, restregando la tela contra su rostro justo en el lugar donde en tatuaje se encontraba. Tenía los ojos cerrados, esperaba que al abrirlos "eso" ya no estuviera en su rostro.

«Listo. Uno, dos, tres...»

—¡¡Aaaaaahhhhhh!!

Las obscuras líneas seguían allí. Se levantó de la silla y comenzó a dar vueltas como león enjaulado por toda la habitación.

—¡Irresponsable, tonta! ¡Cómo se te ocurrió irte de fiesta justo un día antes del aniversario de tus padres! —se regañaba a si misma—. Ya oigo a mi madre decir: "Nos has decepcionado". Y mi padre, ¡oh!, otra vez el sermón de saber tomar las decisiones correctas —manoteaba imitando los ademanes de sus padres—. ¡Argggggg! ¿Qué voy a hacer ahora? —Cubrió su rostro con las manos y se dejó caer de espaldas en la cama.

En su celular comenzó a sonar una musiquita al tiempos que vibraba y brincoteaba por la cajonera de su habitación.

Sin ánimo se levantó y tomó el aparato, volvió a tumbarse sobre la cama y miró el nombre: Susana.

«¡Susana!»

—¡Claro! —Sujetó el aparato con ambas manos—. ¡Fuiste tú! —hablaba a la pantalla mientras simulaba ahorcarlo—. ¡Tú me convenciste de que fuera a la fiesta, y estoy segura de que este jeroglífico en mi rostro también es obra tuya!

Ahora en la pantalla del aparato aparecía la leyenda: "1 llamada perdida"

—Tengo que solucionar esto —decía—. Tal vez el maquillaje pueda cubrirlo.

Y manos a la obra. Hizo gala de sus mejores técnicas de maquillaje y counturing. Pero al final, la tinta cubierta por el maquillaje daba una apariencia morada y más bien parecía que alguien la había golpeado.

Frustrada dejó caer su cabeza sobre el escritorio.

El celular seguía sonando.

«3 llamada perdida Susana»

Estaba a punto de apagar el aparato cuando volvió a sonar. Una vez más era Susana, harta de escuchar el timbre, contestó.

—¿Dali? ¡Vaya que se te pasaron las copas! —La voz alegre y despreocupada de su amiga golpeaba en sus oídos—. Ya me estabas asustando, ¿ya viste la hora que es? Si no te apuras no vas a llegar...

Cada palabra, cada frase iba haciendo que su molestia aumentara.

—¡Cómo te atreves a decirme que ya es tarde para el aniversario de mis padres! —interrumpió gritando contra el aparato—. ¡Si es tu culpa que esté metida en este problema!

—¿Mi culpa? Si casi me rogaste que te llevara...

—No te hagas la inocente, no me acordaré de muchas cosas, pero sí recuerdo que estuviste junto a mí hasta que llegué a mi casa.

—¡Por supuesto! Como toda buena amiga...

—¡¿Buena amiga!? Y entonces explícame cómo permitiste que arruinara mi vida.

—¿De qué estás hablando Dai?

—¡Cómo que de qué!, pues del jeroglífico tatuado en tinta ultra negra sobre mi rostro —Una leve risita se escuchaba al otro lado de la línea—. ¿De qué te ríes? ¡No es gracioso!

La risita se había vuelto una carcajada.

Delaila estaba desconcertada, tenía ganas de ahorcar a su amiga. Lágrimas de frustración y enojo recorrían su rostro y sin embargo, escuchar a su amiga reír de esa forma hizo que una mueca parecida a una sonrisa se asomara en la comisura de sus labios.

—En serio Susy... —murmuró con ganas de soltarse a llorar de nuevo— no es gracioso.

—Ay, lo siento Dai. De verdad no te acuerdas, ¿cierto? —suspiró, la voz de su amiga se había vuelto dulce—. Esperaba ser yo quien te despertara, pero, supongo que ya te viste en el espejo.

—¿Cómo es que pude hacer algo así? —sollozaba Dai, pensando lo peor de sí misma.

—Hasme el favor de revisar tu bolso, ¿si? Antes de que quieras suicidarte.

Dai se arrastró sin muchos ánimos hasta su bolso de mano que había dejado botado a los pies de su cama la noche anterior.

—¿Qué estoy buscando exactamente?

—Lo sabrás cuando lo encuentres.

Dentro había unos tickets de restaurante, boletos del metro, una pulsera del club al que habían ido y una caja metálica: "Tattoo instantáneo". Sin pensarlo dos veces la abrió.

—Supongo que ya la encontraste...

Susana comenzó a contarle lo que había ocurrido la noche anterior. Mientras tanto Delaila leía el instructivo que había en la cajita.

—Y es por eso que me urgía hablarte, sabía que te daría un colapso nervioso.

—Aquí dice: "Temporal y fácil de quitar". ¡Ya intenté quitarlo y ni con removedor de maquillaje se quita!

—Por eso tiene su propio removedor.

—Si esto no funciona Susana, ¡juro que te mato! —amenazó antes de colgar.

Ni tarda ni perezosa retiró el maquillaje de su rostro –otra vez– y se dispuso a seguir las instrucciones que había en la cajita. Con ayuda de un líquido y un papel que parecía hecho de cera puso manos a la obra.

Después de unos minutos de angustiosa espera y después de lavar su rostro con agua tibia. Dai por fin pudo ver su rostro libre de ese jeroglífico.

El celular sonaba una vez más.

—¿Sí? —respondió por inercia y sin ver el nombre— ¡Mamá! No, claro que no. No se me olvidó, es que... —Miraba su rostro asegurándose de que no quedara rastro de la tinta, sonrió satisfecha— no sonó mi alarma y me quedé dormida, deja arreglarme y los veo allá.

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